domingo, 16 de octubre de 2011
Candidato a Diputado de Ultramar lamenta muerte de opositora cubana Laura Pollán
Le agradeceré la publicación de esta nota sobre la muerte de Laura Pollán. Gracias.
Candidato a Diputado de Ultramar lamenta muerte de opositora cubana Laura Pollán
Miami, Florida, Octubre 14, 2011- Edwin Abréu, candidato a Diputado de Ultramar por la Florida, el Caribe y América Latina, lamenta la muerte de Laura Pollán, fundadora del grupo de oposición en Cuba, Las Damas de Blanco. La muerte de Pollán se suma a la de Orlando Zapata Tamayo, como un crimen más de la tiranía cubana.
Con la muerte de la señora Pollán los hermanos Castros se manchan nuevamente sus manos con la sangre inocente de los cubanos, sin que al otro lado fuera de Cuba a muchos gobiernos les importe.
La muerte de la maestra Laura Pollán era algo esperado, ya que los constantes atropellos a lo que fue sometida fueron creando las condiciones para acabar con su vida. Turbas alimentadas por los tiranos para atacar a las Damas de Blanco, acoso permanente por parte de los esbirros al servicio del gobierno, y los constantes empujones, arrastres por las calles, jalones de cabellos, mordidas y arañazos, fue parte de lo que tuvo que soportar el cuerpo de la gran luchadora por las libertades cubanas.
Los tiranos parecen estar disfrutando la partida de una de su más enérgica opositora, quizás sin medir las consecuencias que puede traer este hecho para el gobierno cubano. Son dos vidas entregadas en la historia reciente por la libertad de Cuba, la liberación de los presos políticos, y la democracia de una isla que se encuentra secuestrada por más de cincuenta años de opresión y hostigamiento. La reacción y la ira no puede esperar, hay que salir en defensa del pueblo cubano, hay que defender a las mujeres indefensas del movimiento Damas de Blanco, el movimiento de apoyo a las Damas de Blanco, y a todas aquellas personas como Guillermo Fariña, defienden los derechos humanos y la libertad en Cuba.
Edwin Abréu concluye su denuncia haciendo preguntas en busca de respuestas, ¿cuántas vidas más debe aportar el pueblo cubano para lograr su democracia plena?, ¿cuándo los gobiernos de América Latina saldrán en defensa de los que luchan por su libertad en Cuba?, ¿cuándo el pueblo cubano por completo se revelará contra los tiranos hermanos Castros?. Finalmente, ¿cuándo caerán los tiranos cubanos en las garras de la justicia divina?.
Sobre Laura Pollán
Laura Pollán, fundadora de las Damas de Blanco y una de las disidentes cubanas más respetadas dentro y fuera de la isla, falleció el viernes 14 de Octubre, de un paro cardíaco en La Habana a los 63 años. El grupo Damas de Blanco fue fundado por las esposas, madres e hijas de los 75 opositores encarcelados durante la ola represiva en el 2003 conocida como la Primavera Negra de Cuba.
Pollán logró juntar a varias de las esposas o parejas para realizar protestas después de las misas del domingo en la iglesia Santa Rita. Todas iban vestidas de blanco y llevaban gladiolos en sus manos para demandar la libertad de sus familiares.
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Laura Pollán, arrestada y arrastrada por seguridad cubana
Laura Pollán durante una de sus marchas con gladiolos
Proponen a Guillermo Moreno candidato de un nuevo frente político
“De lo que se trata es de romper con la idea de que no somos opción de poder, de hacerle percibir al pueblo que avanzamos, que somos una opción no sólo deseable sino posible y necesaria"
Enviado por: Servicios de Acento.com.do
ver Acento Social
“Proponemos asumir la candidatura de Guillermo Moreno, y a Alianza País como el instrumento más idóneo para participar en el proceso electoral. Por supuesto, tenemos que sentarnos a delinear y negociar las condiciones en que tal asunción tomaría lugar, de acuerdo a nuestros objetivos a más largo plazo” expresa la corriente, en un documento enviado a la prensa.
Los miembros de la corriente entienden que la unidad de la izquierda revolucionaria, no es suficiente para empezar a minar el control de los grandes partidos sobre el sistema político-electoral.
Por lo que consideran “necesitamos otro tipo de alianzas, articular en un mismo proyecto político a sectores de diversas tendencias que compartan con nosotros el mismo objetivo en la presente coyuntura”.
Afirman, que ante la situación económico-social del país, una alianza como esta es mucho más factible que nunca. “Eso es así, porque las políticas neoliberales han afectado, excluyéndolos, a una diversidad de sectores sociales, incluidos sectores tradicionalmente vinculados a esferas de poder”.
“De lo que se trata es de romper con la idea de que no somos opción de poder, de hacerle percibir al pueblo que avanzamos, que somos una opción no sólo deseable sino posible y necesaria. Eso es, en esencia, a lo que llamamos “crear una nueva situación en el país”Entienden que Aunar los esfuerzos y recursos de esos sectores en un movimiento unitario amplio, debe ser la forma de unidad privilegiada de los revolucionarios en estos momentos.
“A nosotros nos parece de una lógica elemental que si el PLD y el PRD son los partidos que controlan el sistema político-electoral que pretendemos cambiar, no pueden ser otros los adversarios fundamentales” afirmaron.
En consecuencia sostienen que sin romper la hegemonía de esos dos partidos, “sin debilitarlos a los dos, no hay avance progresista que sea posible”
Sin embargo afirman que eso no quiere decir que haya que atacarlos a los dos en la misma medida y al mismo tiempo.
“Exactamente como en la guerra cuando se combate en dos o más frentes: se concentran los mayores recursos en el que mayores posibilidades tiene de avanzar y propinarnos una derrota estratégica”.
Según lo expresado en el documento, en las condiciones políticas del país, se ha presentado la situación de que el que está en el gobierno pierde popularidad aceleradamente, y el que está en la oposición capitaliza predominantemente el descontento del pueblo.
Los Febreristas concluyen su comunicado diciendo lo siguiente: “Necesitamos, pues, de un movimiento amplio en el que estén representados, y puedan ser claramente percibidos, la izquierda y los sectores progresistas junto a otros sectores político-ideológicos”.
“De lo que se trata es de romper con la idea de que no somos opción de poder, de hacerle percibir al pueblo que avanzamos, que somos una opción no sólo deseable sino posible y necesaria. Eso es, en esencia, a lo que llamamos “crear una nueva situación en el país”.
Anarquia, politicos y las fuerzas del porvenir
JOSÉ TOBÍAS BEATO [mediaisla]
| JOSÉ TOBÍAS BEATO, dominicano, autor de Flete sin destino, 2010.-
Juan Pablo Duarte concibió una República que fuese independiente no sólo de Haití, sino de cualquier otra potencia. Su costo personal: el destierro, la miseria y el olvido de un pueblo demasiado preocupado por su pobreza y luchas intestinas
Hace años que Ortega y Gasset denunció que en el mundo entero la política, es decir, la supeditación de la teoría a la utilidad, había invadido por completo el espíritu. Y ello había traído como consecuencia una sociedad práctica, que recrea una cultura de medios, en la que no importan los fines últimos. De ahí que plantease la necesidad de enfrentar esa cultura de medios con una cultura de postrimerías.
No desdeño la política; nada de eso. La política, en tanto fuerza que contribuye a la organización de la sociedad, que cristaliza en el Estado, es sana y necesaria. Pero, de lo que se trata es de jerarquizar esta actividad para devolverle su verdadera consideración como fuerza espiritual secundaria, en tanto que depende de otras más internas y primarias. “La vida pública no es sólo política, sino, a la par y aún antes, intelectual, moral, económica, religiosa; comprende los usos todos colectivos e incluye el modo de vestir y el modo de gozar”, decía el meditador de El Escorial en su libro La rebelión de las masas.
Nuestra hermosa media isla no ha sido excepción al fenómeno. El político es la figura social número uno, y la política la forma de ascenso social más habitualmente socorrida en los últimos setenta años. Tenemos, por ejemplo, una larga lista de héroes, honrados con calles, parques, escuelas, que en muchos casos, rebeldes por morbo, luchaban y luchan contra todo, sin especificar clara y distintamente el objetivo perseguido, diluido éste las más de las veces en acciones sin sentido o en una infinita y hueca palabrería: pura charlatanería que ha terminado desprestigiando las palabras teoría, política y hasta la función del intelectual. Pero el tiempo y la historia nos muestra su bien guardado secreto: se trata del ascenso social, de los intereses de individuos o de pequeños grupos que entran en abierta contradicción con los intereses del país. Más lejos aún: desde hace buen rato hemos perdido la categoría de nación, por causa de que estos grupos impiden vertebrar objetivos nacionales, precisamente.

El imperio de la norma no es tradición, más bien es lo contrario: sustituimos la ley por el capricho cada vez que los intereses del caudillo o de los pequeños grupos en el poder así lo determinen. Entonces se crean coyunturas donde el engaño y la mañosería hacen pasar por genio al que no es sino un hábil tramposo.
Sin un período social que hiciera predominar una ideología aglutinante; sin clases sociales definidas, más bien embrionarias. Sin un siglo de las luces, que permitió el desarrollo sin par de Europa y hasta de los mismos Estados Unidos, al establecer estos en 1787 su contrato social, racionalmente convenido: la constitución americana fue realizada en una reunión en Filadelfia, que duró desde mayo hasta septiembre del referido año, es decir, cuatro largos meses, y a la cabeza de esa convención estaban hombres de talento indudable, capaces de mirar muy lejos. Muy distinto es nuestro caso: en unos cuantos días nuestros sabios, honorables y bien intelectualmente preparados congresistas logran enmendar, remendar y yuxtaponer la constitución, con artículos muchas veces ambiguos, para tener siempre una puerta de escape por si acaso la situación, más adelante en el tiempo, cambia y, lo acordado en letra y, sobre todo en espíritu, perjudica o lastima.
Ha pasado largo tiempo desde que éramos gobernados por burócratas españoles con ansias de nobleza (en esos tiempos, en abierta contradicción a la colonización anglosajona, hasta los labradores recién llegados de España, rehuían de “tal nombre y obras y no quieren ser labradores, sino caballeros”). Entonces como ahora se rehúye del trabajo manual, pero se busca el cargo, precedido de un señor título: licenciado por aquí, doctor por allá, ingeniero, por favor pase. Casi todos incapaces de mantener una conversación lógica por más de dos minutos, y digo mucho.
Y así pasamos de la brillantez inicial de la colonia La Española, a la quiebra de la economía basada en el oro, luego de la caña de azúcar y en otros productos agrícolas menores, incluida la ganadería. El descubrimiento y conquista de tierra firme, la presencia de bucaneros y filibusteros, las despoblaciones ordenadas por De Osorio, el constante alzamiento de negros, junto a la desaparición de la raza india, nos condujeron a una situación en la que las palabras despoblación, miseria, aislamiento, dispersión y contrabando describen de un modo perfecto la vida colonial de la otrora Atenas del Nuevo Mundo.

Dependíamos del “Situado”, especie de remesa que nos llegaba de México, que mantenía a flote nuestra precaria economía; como hoy se depende de las remesas de los que trabajan en Europa, o en Estados Unidos o en cualquier otro lugar del mundo, pues la migración dominicana abarca el mundo entero. Luego fuimos gobernados por las que una vez fueron tropas revolucionarias, las que envió Napoleón, de modo que fuimos franceses. Eran los tiempos de Leclerc y Ferrand que vieron frustradas sus aspiraciones coloniales al ser vencidos por un Juan Sánchez Ramírez, quien en 1809 nos devolvió a la madre España, eso mientras el resto de Hispanoamérica se preparaba para independizarse de España precisamente.
Continuábamos despoblados, dispersos y sin caminos que permitieran crear un mercado interno, cuando pasamos a ser brevemente colombianos, al Núñez de Cáceres efímeramente declarar nuestra independencia de España en 1821 poniéndonos bajo la protección de La Gran Colombia de Bolívar; alucinación de la que Jean Pierre Boyer, el férreo gobernante haitiano, nos hizo despertar el 9 de febrero de 1822 con un formidable ejército de 12,000 hombres, que declaró abolida la esclavitud y que la isla era “una e indivisible”. El blanco Núñez de Cáceres, temeroso de los negros de al lado, nos condujo con su movimiento imprudente a los brazos justamente de aquellos. Y es tal nuestra insensatez que lo honramos con el nombre de una de nuestras principales avenidas como si hubiera hecho algo digno de elogio. Que trabajara luego en su exilio muy brillantemente en México es otra cosa, bien pero que bien distinta.
Veintidós años duró aquello; más de dos décadas siendo formalmente haitianos. Hasta que un joven intelectual, Juan Pablo Duarte, concibió una República que fuese independiente no sólo de Haití, sino de cualquier otra potencia. Su costo personal: el destierro, la miseria y el olvido de un pueblo demasiado preocupado por su pobreza y luchas intestinas a las que fuerzas anti nacionales le obligaban sin cesar. Fuerzas que lograron su despropósito un 18 de marzo de 1861, anexando la joven república a España.
Sí, otra vez a España: Pedro Santana, entregó “a su buena amiga, la Reina Isabel II, la adhesión unánime de un pueblo pacífico y trabajador, y el regalo magnífico de un pueblo sin periódicos y sin abogados”, es decir, sin prensa libre y sin intelectuales. Pero su alegría duró escaso tiempo, pues a poco, las afrentas de los españoles y las desilusiones de su régimen que aumentó la miseria, hicieron que el pueblo dominicano se alzara en armas para defender con su vida misma la Restauración de la República.

Pero, ahora nótese lo siguiente: después de esa guerra que devastó el país, haciendo inútil la misma, se llevó a la presidencia a Buenaventura Báez, negador consumado de la soberanía dominicana (mientras los dominicanos peleaban contra España, él aceptaba el título de Mariscal de Campo español. Y desde la presidencia intentó anexarnos o vendernos al mejor postor, incluyendo a Estados Unidos, que por escaso margen en el Congreso, votó contra nuestra colonización por razones que nada tienen que ver con nuestro aprecio). Una vez más quedaba patentizada la falta de objetivos nacionales.
Y desde ese momento se inició un período de anarquía, un continuo batallar por el poder político entre pequeños grupos y hombres de valor personal indudable que, alzados en los montes se proclamaban generales y gobernantes de horca y cuchillo. En tan sólo tres años, por ejemplo, de 1876 al 1879 tuvimos catorce gobiernos, y en el último trimestre de 1876, cuatro. Y ese estado de permanente anarquía y corrupción fue el origen de la bancarrota económica que condujo a la intervención de nuestras aduanas por los Estados Unidos. La deuda pública nos condujo a la intervención extranjera, militar, que implantó un control que hizo que hasta para hacer una acera se necesitase de la aprobación de Washington. (Pero no aprendemos; nuestros sesudos congresistas y ejecutivo no cesan de tomar prestado, pues sólo piensan en cómo salir ricos del cargo; a fin de cuentas nadie les pedirá una rendición de cuentas a nivel personal).
De modo que ese estado de anarquía permanente, y la deuda pública subsecuente, fueron las causas fehacientes de las dos intervenciones militares que hemos padecido en el presente siglo, y fue además el inmediato motivo de la tiranía trujillista. Nuestros políticos, concentrados en la defensa de sus no siempre loables intereses, pierden la visión de conjunto de la sociedad y el mundo. Al principio de siglo, verbigracia, ignoraban la política del gran garrote, que venía implementando Teodoro Roosevelt; y hoy ignoran el ambiente en el que estamos inmersos queramos o no queramos: democracia, justicia, educación, respeto y desarrollo del medioambiente, transparencia, información, participación, mejor distribución de la riqueza, etc. Nuestra clase política debería reflexionar sobre su habitual comportamiento imprudente y avaricioso, no vaya a ocurrir nuevamente la desgracia de que necesitemos una vez más de tropas extranjeras para manejar nuestras seculares pendencias.
Ahora bien; lo cierto y verdadero fue que los dominicanos, una vez eliminada la dictadura de Trujillo en mayo de 1961, con tropezones, el sacrificio de nuestros jóvenes, la contribución de muchísima gente de los más variados sectores sociales, hemos logrado crear una democracia bastante estable; de un estado dominado por generales guerrilleros, donde la anarquía y la miseria iban de la mano y que nos condujo a la noche tenebrosa de la tiranía, tenemos una sociedad mixta, industrial, agrícola y de servicios, con muchísimos problemas y carencias, pero en la que existe una clase gerencial madura que nos puede aportar quizás la necesaria disciplina que desde la colonia tanta falta nos hace; hay intelectuales reflexivos que nos crean ideales y objetivos, y también se dispone de una prensa alerta, portadora cotidiana de la libertad y soberanía popular.

La prensa juega hoy mundialmente un papel —gracias a los adelantos tecnológicos, y concretamente al Internet— que los teóricos de La Ilustración, aunque lograron utilizarla dentro de sus circunstancias magistralmente, nunca soñaron. Ella puede elevar el debate político, contribuir con fuerza inusitada a la eficacia de las instituciones, a la consagración de los derechos individuales, a la autonomía de los poderes y a la estabilidad que necesita el trabajo creador. En fin, que gerencia, intelectuales y prensa son las fuerzas rectoras de un mejor futuro, en el que tras objetivos comunes y tradición, hablemos con orgullo de una nueva nación dominicana. Acaso la ubicación y fortalecimiento de esos sectores también es válido para el desarrollo de otras naciones.
| JOSÉ TOBÍAS BEATO, dominicano, autor de Flete sin destino, 2010.-
Juan Pablo Duarte concibió una República que fuese independiente no sólo de Haití, sino de cualquier otra potencia. Su costo personal: el destierro, la miseria y el olvido de un pueblo demasiado preocupado por su pobreza y luchas intestinas
Hace años que Ortega y Gasset denunció que en el mundo entero la política, es decir, la supeditación de la teoría a la utilidad, había invadido por completo el espíritu. Y ello había traído como consecuencia una sociedad práctica, que recrea una cultura de medios, en la que no importan los fines últimos. De ahí que plantease la necesidad de enfrentar esa cultura de medios con una cultura de postrimerías.
Nuestra hermosa media isla no ha sido excepción al fenómeno. El político es la figura social número uno, y la política la forma de ascenso social más habitualmente socorrida en los últimos setenta años. Tenemos, por ejemplo, una larga lista de héroes, honrados con calles, parques, escuelas, que en muchos casos, rebeldes por morbo, luchaban y luchan contra todo, sin especificar clara y distintamente el objetivo perseguido, diluido éste las más de las veces en acciones sin sentido o en una infinita y hueca palabrería: pura charlatanería que ha terminado desprestigiando las palabras teoría, política y hasta la función del intelectual. Pero el tiempo y la historia nos muestra su bien guardado secreto: se trata del ascenso social, de los intereses de individuos o de pequeños grupos que entran en abierta contradicción con los intereses del país. Más lejos aún: desde hace buen rato hemos perdido la categoría de nación, por causa de que estos grupos impiden vertebrar objetivos nacionales, precisamente.
El imperio de la norma no es tradición, más bien es lo contrario: sustituimos la ley por el capricho cada vez que los intereses del caudillo o de los pequeños grupos en el poder así lo determinen. Entonces se crean coyunturas donde el engaño y la mañosería hacen pasar por genio al que no es sino un hábil tramposo.
Sin un período social que hiciera predominar una ideología aglutinante; sin clases sociales definidas, más bien embrionarias. Sin un siglo de las luces, que permitió el desarrollo sin par de Europa y hasta de los mismos Estados Unidos, al establecer estos en 1787 su contrato social, racionalmente convenido: la constitución americana fue realizada en una reunión en Filadelfia, que duró desde mayo hasta septiembre del referido año, es decir, cuatro largos meses, y a la cabeza de esa convención estaban hombres de talento indudable, capaces de mirar muy lejos. Muy distinto es nuestro caso: en unos cuantos días nuestros sabios, honorables y bien intelectualmente preparados congresistas logran enmendar, remendar y yuxtaponer la constitución, con artículos muchas veces ambiguos, para tener siempre una puerta de escape por si acaso la situación, más adelante en el tiempo, cambia y, lo acordado en letra y, sobre todo en espíritu, perjudica o lastima.
Ha pasado largo tiempo desde que éramos gobernados por burócratas españoles con ansias de nobleza (en esos tiempos, en abierta contradicción a la colonización anglosajona, hasta los labradores recién llegados de España, rehuían de “tal nombre y obras y no quieren ser labradores, sino caballeros”). Entonces como ahora se rehúye del trabajo manual, pero se busca el cargo, precedido de un señor título: licenciado por aquí, doctor por allá, ingeniero, por favor pase. Casi todos incapaces de mantener una conversación lógica por más de dos minutos, y digo mucho.
Y así pasamos de la brillantez inicial de la colonia La Española, a la quiebra de la economía basada en el oro, luego de la caña de azúcar y en otros productos agrícolas menores, incluida la ganadería. El descubrimiento y conquista de tierra firme, la presencia de bucaneros y filibusteros, las despoblaciones ordenadas por De Osorio, el constante alzamiento de negros, junto a la desaparición de la raza india, nos condujeron a una situación en la que las palabras despoblación, miseria, aislamiento, dispersión y contrabando describen de un modo perfecto la vida colonial de la otrora Atenas del Nuevo Mundo.
Dependíamos del “Situado”, especie de remesa que nos llegaba de México, que mantenía a flote nuestra precaria economía; como hoy se depende de las remesas de los que trabajan en Europa, o en Estados Unidos o en cualquier otro lugar del mundo, pues la migración dominicana abarca el mundo entero. Luego fuimos gobernados por las que una vez fueron tropas revolucionarias, las que envió Napoleón, de modo que fuimos franceses. Eran los tiempos de Leclerc y Ferrand que vieron frustradas sus aspiraciones coloniales al ser vencidos por un Juan Sánchez Ramírez, quien en 1809 nos devolvió a la madre España, eso mientras el resto de Hispanoamérica se preparaba para independizarse de España precisamente.
Continuábamos despoblados, dispersos y sin caminos que permitieran crear un mercado interno, cuando pasamos a ser brevemente colombianos, al Núñez de Cáceres efímeramente declarar nuestra independencia de España en 1821 poniéndonos bajo la protección de La Gran Colombia de Bolívar; alucinación de la que Jean Pierre Boyer, el férreo gobernante haitiano, nos hizo despertar el 9 de febrero de 1822 con un formidable ejército de 12,000 hombres, que declaró abolida la esclavitud y que la isla era “una e indivisible”. El blanco Núñez de Cáceres, temeroso de los negros de al lado, nos condujo con su movimiento imprudente a los brazos justamente de aquellos. Y es tal nuestra insensatez que lo honramos con el nombre de una de nuestras principales avenidas como si hubiera hecho algo digno de elogio. Que trabajara luego en su exilio muy brillantemente en México es otra cosa, bien pero que bien distinta.
Veintidós años duró aquello; más de dos décadas siendo formalmente haitianos. Hasta que un joven intelectual, Juan Pablo Duarte, concibió una República que fuese independiente no sólo de Haití, sino de cualquier otra potencia. Su costo personal: el destierro, la miseria y el olvido de un pueblo demasiado preocupado por su pobreza y luchas intestinas a las que fuerzas anti nacionales le obligaban sin cesar. Fuerzas que lograron su despropósito un 18 de marzo de 1861, anexando la joven república a España.
Sí, otra vez a España: Pedro Santana, entregó “a su buena amiga, la Reina Isabel II, la adhesión unánime de un pueblo pacífico y trabajador, y el regalo magnífico de un pueblo sin periódicos y sin abogados”, es decir, sin prensa libre y sin intelectuales. Pero su alegría duró escaso tiempo, pues a poco, las afrentas de los españoles y las desilusiones de su régimen que aumentó la miseria, hicieron que el pueblo dominicano se alzara en armas para defender con su vida misma la Restauración de la República.
Pero, ahora nótese lo siguiente: después de esa guerra que devastó el país, haciendo inútil la misma, se llevó a la presidencia a Buenaventura Báez, negador consumado de la soberanía dominicana (mientras los dominicanos peleaban contra España, él aceptaba el título de Mariscal de Campo español. Y desde la presidencia intentó anexarnos o vendernos al mejor postor, incluyendo a Estados Unidos, que por escaso margen en el Congreso, votó contra nuestra colonización por razones que nada tienen que ver con nuestro aprecio). Una vez más quedaba patentizada la falta de objetivos nacionales.
Ahora bien; lo cierto y verdadero fue que los dominicanos, una vez eliminada la dictadura de Trujillo en mayo de 1961, con tropezones, el sacrificio de nuestros jóvenes, la contribución de muchísima gente de los más variados sectores sociales, hemos logrado crear una democracia bastante estable; de un estado dominado por generales guerrilleros, donde la anarquía y la miseria iban de la mano y que nos condujo a la noche tenebrosa de la tiranía, tenemos una sociedad mixta, industrial, agrícola y de servicios, con muchísimos problemas y carencias, pero en la que existe una clase gerencial madura que nos puede aportar quizás la necesaria disciplina que desde la colonia tanta falta nos hace; hay intelectuales reflexivos que nos crean ideales y objetivos, y también se dispone de una prensa alerta, portadora cotidiana de la libertad y soberanía popular.
miércoles, 12 de octubre de 2011
ACROARTE y Cervecería Nacional Dominicana presentan equipo de producción de Premios Casandra 2012
La
Asociación de
Cronistas de Arte (ACROARTE) y la Cervecería Nacional Dominicana anunciaron el
equipo que se ha conformado para la realización de la XXVIII entrega de los
Premios Casandra, a transmitirse en vivo por Telemicro Canal 5, el 13 de marzo
de 2012, desde la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, con el
copatrocinio de Claro, Banco León, Grupo Ramos y Coca Cola.
Durante el
anuncio, celebrado en el bar del Teatro Nacional, Máximo Jiménez, presidente de
Acroarte, expresó que una vez más se selecciona un grupo de personas que han
acumulado experiencia en el campo del entretenimiento, con el talento y la
visión para lograr un espectáculo a la altura de los estándares de calidad que
requiere esta premiación para seguir poniendo en alto –tanto en el país como en
el extranjero– esta tradicional fiesta artística que se lleva a cabo todos los
años.
“Nuestro
compromiso es darle continuamente la oportunidad a nuevos profesionales y
técnicos del entretenimiento local, quienes compartirán responsabilidades con un
selecto grupo de veteranos, para entregarle al público unos Premios Casandra que
nos permitan seguir levantando con orgullo la bandera que enarboló Acroarte en
1984 cuando surgió la idea de reconocer en esta glamurosa ceremonia el talento
artístico más destacado durante el año”, comentó Jiménez.
Stella León,
vicepresidente de Asuntos Corporativos de Cervecería Nacional Dominicana,
reiteró el compromiso de dicha empresa de realizar un premio de excelente
calidad, y con ello, seguir aportando a la proyección del arte en República
Dominicana, así como de la marca país que son los Premios
Casandra.
“Cada año,
sumamos pasión, creatividad y emoción para lograr una edición de Premios
Casandra de alta calidad, que satisfaga, e incluso supere, las expectativas de
los televidentes. En este sentido, Premios Casandra 2012 será un espectáculo
mucho más innovador, más moderno y más artístico, que servirá de escenario para
llevar a los televidentes lo más destacado durante 2011, y que será una
plataforma para futuras estrellas de la música. De igual modo, seguimos
reforzando la internacionalización del galardón. Prometemos una amplia cobertura
internacional, que se apoya en una extensa campaña de publicidad, promoción y
comunicaciones en diferentes medios a nivel internacional. Además, extendemos la
transmisión no sólo a Estados Unidos, sino también a Puerto Rico, España y
Centroamérica”, expresó Stella León.
El productor
general de Premios Casandra, René Brea, hizo la presentación del grupo de
profesionales que, bajo su dirección, estará al frente de las diferentes áreas
del evento televisivo. La producción musical estará bajo la responsabilidad de
Roy Tavaré. La escenografía es de Fidel López, mientras que la logística y
coordinación general y de producción estarán a cargo de Selinee Méndez y Desiree
Bello, respectivamente. La iluminación nuevamente recae en Juan
Tejera de Jetligthing; mientras que la coreografía, una vez más, recae en manos
de Iván Tejada. César Suárez Jr. será el director de talento internacional, en
tanto Cromcin Domínguez será la directora de vestuario. También formarán parte
del equipo José Jhan y Luis Menieur (diseñadores), Amable Frómeta (Sonido), Juan
Manuel Tejeda (Libreto), Gracielina Olivares (Dirección escénica)
entre otros destacados profesionales.
Los Premios
Casandra 2012 serán transmitidos en vivo, el martes 13 de marzo, a las 9 de la
noche, a través de Telemicro Canal 5, e internacionalmente por Telemicro
Internacional.
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